Mi reto minimalista: Vivir con 100 cosas o menos. Un año después

Hace justo poco más de un año que leí un artículo sobre alguien que había decidido vivir con 100 cosas. ¿Qué le llevaría a tomar esta decisión? ¿Qué va a hacer con las que le sobra? ¿No es una decisión muy extrema? Un año después tengo mis propias respuestas para todas esas preguntas.

Primer contacto con un estilo de vida minimalista

En aquel entonces no entendía nada sobre el minimalismo, pero desde ese momento todo cambió para mí. Os pongo en situación:

Me encontraba viviendo fuera por unos meses y sólo me acompañaba una gran maleta y todos mis aparatos tecnológicos.

Al acabar de leer el artículo decidí contar todo lo que me había llevado. Eran en total unas 60 cosas: ropa de abrigo, algun pantalón corto, camisetas, 4 pares de zapatillas diferentes, ordenador, cámara, móvil…Bueno un poco lo típico que te llevas para estar fuera 4 meses.

Y fue justo en ese instante cuando me di cuenta de que si yo tenía conmigo 60 cosas y vivía perfectamente, cómo no iba a poder tener sólo 100! Había cosas que ni siquiera había utilizado y que llevé «por si acaso». ¿Soy ya minimalista?

Mi emoción duró poco, pero me hizo comprender varias cosas: Al elegir traer conmigo sólo lo esencial me daba más libertad para viajar, no tenía que cargar con un montón de pertenencias y me permitía tener más tiempo para disfrutar de las experiencias en aquel país.

Empezando a simplificar mi vida

Cuando volví a casa por navidades todavía no me había olvidado de aquel artículo.

Sabía que si había sido capaz de vivir fuera perfectamente con esa cantidad de cosas, iba a poder hacerlo aquí también. Pero a veces no es tan fácil como pensamos…

¿Por qué todo se ha vuelto esencial de repente?

Menos unas cosas que tenía de cuando era pequeño y algún que otro objeto por ahí tirado, el resto me parecía que tenía un hueco en mi lista. El «por si acaso» se había convertido en mi palabra favorita y la verdad que no ayudaba.

Pero no era sólo eso, al final era el apego sentimental que tenía hacia esos objetos. Algunos habían sido regalos, otros eran bastante caros, otros no los había casi ni utilizado y estaban nuevos…

Sin embargo, me di cuenta que aquellas razones estaban asociadas a espacios temporales:

  • Pasado: Era algún recuerdo/regalo asociado con alguna emoción o simplemente había costado suficiente como para seguir queriéndolo.
  • Presente: Todo lo que tenía me daba sensación de satisfacción y plenitud.
  • Futuro: La incertidumbre de no saber si quizás podría llegar a necesitar algo en un futuro.

Sólo había una forma de combatir esos miedos, y era centrarme en el presente. Quedarse estancado en el pasado y los sentimientos que tenía hacia esos objetos no servía de nada. Y el futuro aún no llegó, así que para qué me voy a complicar ahora.

Simplemente pensando eso, me permitió imaginarme la gran cantidad de cosas que podía reducir.

Las mejores cosas de la vida no son cosas, son momentos

Cuando estaba viviendo fuera, conociendo gente nueva y disfrutando de nuevas aventuras era realmente una persona feliz. No tenía tiempo de acordarme de la televisión viendo mi serie favorita, simplemente estaba ocupado en hacer planes. Y cuando no los había, sentarse con un libro en el parque o dar un paseo por la ciudad se convertía en mi opción favorita.

Con esto quiero decir que nos hemos acostumbrados a tener todo lujo de objetos: camisas, pantalones y zapatos para todas las ocasiones; todo gadget tecnológico que sale al mercado y lo último que se ponga de moda.

Acumulamos demasiadas cosas que no usamos y dedicamos más tiempo a ellas y comprar otras nuevas que a vivir nuevas experiencias, o disfrutar de momentos con nuestra familia o amigos.

Estas son las reflexiones que me hicieron ver todo más fácil. Estaba preparado para deshacerme de todo lo que no usaba. A dejar lo esencial.

Vivir con 100 cosas o menos. Preguntas frecuentes

A continuación detallo cómo ha sido el proceso de simplificar de mi vida, de dejar sólo lo esencial y deshacerme del resto.

  • ¿Por qué «100» y no otro número?

No, no es un número mágico pero creo que es una cantidad adecuada y justa para reducir tus pertenencias. Cada uno puede elegir el número que crea conveniente, para algunos será más y para otros menos. Aquí lo importante es darse cuenta del proceso y los beneficios que trae a tu vida simplificarla.

  • ¿Qué motivos hay para vivir con tan pocas cosas?

Cada uno tendrá sus motivos, quizás quieras poner un poco de orden en tu vida, ayudar a otras personas dándole las cosas que no usas, a vivir de manera más ligera y organizada, tener menos distracciones o simplemente empezar una vida responsable con el medio ambiente y mejorando tu huella ecológica.

  • Pero es que tengo un montón de herramientas, cables… eso suma mucho

En mi caso he agrupado en un mismo conjunto varios objetos. Teléfono móvil lo cuento como uno, pero incluyo su cargador y su carcasa. Bicicleta lo mismo, pero incluyo las herramientas y luces que tengo para ellas.

Este mismo caso no se aplica para la ropa, cuento una por una cada prenda. Tu decides cómo hacerlo, yo te digo mi manera

  • ¿Qué hago con lo que me voy a deshacer?

Yo hice 3 grupos: para tirar, para regalar o donar y para vender.

Si algo no sirve o se ha quedado muy viejo iba directamente a la basura, sin contemplaciones. Toda la ropa que no me pongo o no me sirve la dono a familias que le pueda hacer más falta y por último si veo que puedo sacar un extra por algún objeto tecnológico lo vendo.

  • Dudo si deshacerme de esto o quedármelo

Vale no hay problema, no lo contabilices pero tampoco lo uses. Déjalo apartado en una caja o donde quieras y si sientes la necesidad de usarlo volverá a tu lista.

Esto será una continua prueba. Habrá cosas que incluyas que no usas y quieres que se vayan de la lista y otras que querrás que vuelvan. Pero ahí está el juego, si te marcas un límite tendrás que decidir qué importa más para ti. Aprenderás a apreciar el valor de cada objeto créeme.

  • ¿Y si me regalan algo?

Lo mismo, decide si tiene hueco en tu lista. O si no por cuál lo reemplazas. En caso de que esto no ocurra…tu tienes la palabra final.

  • Pero es que esto también lo usa otra persona

Tienes que simplificar tus objetos personales, no los comunes. No vayas a quitar el sofá de casa o la lavadora!

Cómo empezar a simplificar

Te recomiendo que sea un proceso gradual. Al principio te será fácil deshacerte de aquello que lleva mucho sin usarse o que no tiene ningún valor para ti. Pero a medida que tu lista se reduce esto se complica.

Primeramente cuenta TODO lo que tengas, te sorprenderás. En mi caso había contabilizado cerca de 400 artículos. Te recomiendo que hagas una hoja Excel.

Empieza a tachar en una primera ronda las cosas que tienen una salida inmediata de casa.

Ve poco a poco si te cuesta, elimina 5 objetos por día, 2… los que tu quieras, pero el caso es ser continuo.

Cuando te hayas dado cuenta estarás viviendo con muchos menos objetos de los que tenías y lo mejor de todo, no los echarás de menos.

Lo que he aprendido viviendo un año con 100 cosas

El inicio no fue fácil, eliminé un montón de cosas de golpe pero poco a poco me quedaba estancado. No sabía cuál sería la siguiente, y todo era por el apego que tenía (y son sólo cosas!).

Pero también me di cuenta de que mi habitación cada vez estaba más ordenada, la simplicidad empezaba a tener sus beneficios.

Con la ropa me sucedió lo mismo. Tenía el armario lleno de ropa que no usaba y al final para vestirme perdía un montón de tiempo viendo que me ponía. Me deshice de todo lo que no me servía, hasta el punto que acabé comprando un par de prendas de mayor calidad y que me pondría más a menudo.

Siempre he primado la calidad por encima de la cantidad. Prefería tener una buena camisa que tres de mala calidad.

Y a medida que te vas quedando con menos cosas, ves que realmente no necesitabas todo lo que tenías. Que el «por si acaso» nunca llega y si lo hace siempre podemos afrontarlo de alguna manera. Aprecias cada cosa que tienes y primas sobre todo la funcionalidad por encima de todo.

Cada compra que hacía se convertía en una tarea reflexiva de al menos una semana y la mayoría de los casos, siempre que no era por necesidad básica no terminé comprándolo. El mundo que nos rodea está lleno de publicidad y es difícil escapar de ella, pero también tiene otro beneficio el no caer en el consumismo: ahorrar una gran cantidad de dinero que puedes destinar a otras cosas, como viajar o salir a cenar fuera.

Tener menos cosas también te vuelve más productivo. Sabes exactamente lo que tienes y dónde.

Las cosas que he regalado o donado seguro que han hecho que otras personas más necesitadas disfruten de algo tan básico como es la ropa. Es muy egoísta tener cosas sin usar y otros nada que poner.

¿Te atreves a intentarlo?

Te reto a intentarlo, prueba a simplificar tu vida. Sigue el ritmo que tu quieras y disfruta viviendo con menos.

Los budistas dicen que el apego es la causa del sufrimiento, ¿te pasa a ti lo mismo con las cosas?. Empieza el cambio, empieza una vida más minimalista. Disfrutando de lo esencial y las experiencias de la vida, no de tus cosas.

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